Desde el inicio de la repartición de poderes de Montesquieu existió un 4to poder de facto, el poder económico, moldeando al resto tanto como se le permitiera y unificando la visión e intereses de los mismos.

Entramos a la etapa de la humanidad donde la Inteligencia Artificial asumirá un rol definitivo en toda la estructura política y social del mundo. Cada vez más desiciones serán tomadas de forma probabilística y cada vez más decisiones serán justificadas y acatadas sin entender las bases que sustentan dicho algoritmo.

Al igual que el poder económico que doblaba la ley a sus gobernantes y escribas, los algoritmos dictarán quién puede salir de un país, quién puede solicitar un crédito, y más importante quien puede gobernar, cuidar la leyes y patrullar las calles.

Como en todo existirán dos tendencias: la cerrada y la abierta. La primera asumirá que es de interés de seguridad nacional proteger y resguardar los algoritmos de la nación, la segunda que cualquiera puede auditar, mejorar y depurar los algoritmos que la rigen. En gran medida existirán ambas situaciones en la mayoría de las naciones, y también deberán interactuar con el resto de los poderes.

La mezcla exacta de los 5 poderes dependerá por completo de la situación de cada país. Naciones tecnológicamente avanzadas entregarán más peso a los algoritmos mientras naciones militarmente avanzadas entregarán más peso al económico.

La estandarización de algoritmos tendrá sus propias guerras en el futuro igual que las leyes o la remoción de gobernantes y partidos las tuvieron.

A diferencia de los 4 poderes que rigieron la humanidad la construcción del 5to poder será aún mas compleja para la mayoría de la población, muchos algoritmos funcionarán como Juez, Jurado, Abogado, Legislador, Policía, Testigo y Parte.

Gran cantidad de algoritmos ya rigen nuestras vidas tomando decisiones por nosotros en todo momento, el mayor reto será eliminar aquellas condiciones y prejuicios que dictan la sociedad. La mayor parte de los algoritmos creados por hombres tendrán sus mismos defectos.

Esta tal vez sea la última oportunidad que tendremos de decidir cuál será el mecanismo de flexibilidad de los algoritmos que nos rigen: dinero, lobby, virus, hacks, o piedad, democracia, bien común.